Cuando el polígrafo aragonés Joaquín Costa fallece el miércoles 8 de febrero de 1911 en Graus, el joven fotógrafo y estudiante de 2º de Medicina Aurelio Grasa, a punto de cumplir 18 años, está trabajando como reportero gráfico para el Heraldo de Aragón, ABC y Blanco y Negro de Madrid. Por la importancia de su personalidad intelectual y política, Madrid quiere recibir los restos de Costa para ser enterrados en la capital de España. Pero el pueblo aragonés, tras una inmensa manifestación de duelo, consigue que sea enterrado en Zaragoza. Aurelio Grasa realiza un reportaje fotográfico del acontecimiento, a lo largo de los días en que se suceden los actos, desde su exposición en el salón rojo del Ayuntamiento hasta su entierro en el Cementerio de Torrero y su tumba cubierta de flores, dando fe gráfica de su permanencia en Aragón.
Zaragoza, 5 de febrero de 2011